Las referencias al denominado “patriotismo constitucional” se han multiplicado en los principales medios de comunicación españoles en los últimos tiempos. Cualquier observador de la realidad política española habrá percibido asimismo la soterrada pugna que los dos partidos estatales mayoritarios (PP y PSOE) han mantenido por apropiarse en exclusiva del mencionado concepto. Precisamente ello motiva que muchas de esas alusiones no resulten ser sino escuetas referencias carentes del más mínimo desarrollo conceptual. No deja de ser sorprendente, en cualquier caso, la rápida difusión del término, sobre todo si se considera que éste, ahora mil veces repetido, fue puesto en circulación en Alemania hace ya más de dos décadas y entonces sólo obtuvo una resonancia limitada básicamente al ámbito académico.
El entusiasmo más rendido, el cauto recelo e, incluso, el más abierto rechazo han sido algunas de las reacciones que ha provocado la utilización de dicha noción política. Todas estas respuestas han encontrado cobijo en los múltiples editoriales e innumerables artículos de periódico publicados. El hecho mismo de que el uso de este concepto suscite abierta polémica se encuentra ciertamente entre los efectos perseguidos por quienes lo concibieron y pusieron en circulación. Tanto para Dolf Sternberger, que lo acuñó, como para Jürgen Habermas, a quien se debe gran parte de su posterior difusión, el debate público resulta indisociable de la cultura política democrática, a la que uno y otro pretenden contribuir con sus obras.