El papel de la ciudadanía en el auge y decadencia de las ciudades

Autores: Josep Maria Pascual Esteve y Júlia Pascual Guiteras
“Ante el pesimismo de la inteligencia optimismo de la voluntad” (Antonio Gramsci)
En el artículo anterior mostramos la importancia del sistema de percepción y reacción de la ciudadanía (SPRC) como una de las dimensiones claves para la gobernanza democrática de la ciudad y en especial para involucrar a la ciudadanía en el “hacer ciudad”. Y como éste promueve que se active la participación activa de los ciudadanos o su desvinculación con la marcha de la ciudad, y cómo dichas participación/desvinculación explican respectivamente el auge y la decadencia de ciudades concretas, que se tomaron como ejemplos ilustrativos. También mostramos cómo los gobiernos locales con una políticas específicas, basadas en la gobernanza democrática, impulsaron el desarrollo de sus ciudades aún en las peores condiciones del medio urbano y de su entorno político y social.
En este artículo nos centramos en aplicar las tesis anteriormente sostenidas para indicar una estrategia, para que los gobiernos locales puedan afrontar con mayor éxito la situación de crisis.

  1. Los tres ejes de intervención para abordar la crisis desde lo local.

La reflexión sobre la capacidad de incidir y fortalecer, desde el gobierno local, el compromiso entre los actores y la implicación de la ciudadanía, como principal fuerza generadora de desarrollo, adquiere una importancia renovada en el contexto actual.
La crisis económica que esta aconteciendo en el mundo desde el año 2008 (aunque sus indicadores iniciales arranquen en verano del 2007 en EEUU) se debe según un amplio consenso: a la quiebra del sistema financiero internacional y al estallido de la burbuja económica del sector inmobiliario, y esta produciendo aparte de una crisis bancaria y bursátil, una recesión global y, en particular, del comercio mundial, una gran pérdida de puestos de trabajo, un crecimiento de flujos de capitales hacía oriente, y un crecimiento de la deuda pública mundial.
Es una crisis externa a la dinámica de no pocas ciudades, pero de la manera como se aborden desde la ciudad los retos sobre el sistema productivo, social, tecnológico y energético, dependerán no sólo los impactos económicos y sociales que producirá la crisis sino el tipo de desarrollo urbano que emergerá con posterioridad a la misma.
En nuestra opinión la manera de afrontar la crisis debe integrar tres ejes de intervención:

  1. Protección: La toma de decisiones para afrontar los efectos más importantes de la crisis y su impacto en los sectores más vulnerables en coherencia con la estrategia de desarrollo futuro de la ciudad (promoción)
  2. Promoción: Los contenidos económicos, sociales, tecnológicos y energéticos de las estrategias y políticas que se adopten para afrontar la crisis en la perspectiva del desarrollo estratégico posterior.
  3. Percepción: Las estrategias de participación, educativas, y de comunicación para intensificar el compromiso de los actores y la ciudadanía con respecto a la ciudad en una situación de mayor vulnerabilidad y desvinculación de las esferas de trabajo, renta, vivienda, salud, educación para amplios sectores de la ciudadanía, y que se traducen en la percepción por parte de la ciudadanía de sensaciones amenazantes, decepcionantes o de impotencia para estos importantes sectores de la ciudad.

Ahora bien este planteamiento centrado sobre el papel del gobierno local en la ciudad, es desafortunadamente minoritario. La mayoría de las recomendaciones se centran en las políticas que deben hacer los ayuntamientos para reducir sus gastos e incrementar los ingresos, así como el aprovechamiento de la crisis para reducir estructuras administrativas e incrementar la productividad de sus servicios y favorecer la cooperación pública y privada en la producción de bienes y servicios financiados con fondos públicos. Sin menospreciar en absoluto esta perspectiva, y haciendo nuestras en no pocos casos sus acertadas recomendaciones , esta perspectiva concibe aún a los ayuntamientos como proveedores y gestores de servicio, y el impacto sobre la ciudad se entiende como consecuencia de la acción de estos servicios.
Si una cosa esta dejando muy claro esta crisis, es el hecho ya anticipado desde hace varios años por AERYC entre otros, que no existen ni existirán recursos públicos suficientes para dar respuestas a los crecientes retos y complejas necesidades que se plantean a la ciudadanía. Un gobierno local que no se plantee quedar deslegitimado, por quedarse centrado en sus competencias y recursos, que cada vez serán proporcionalmente inferiores a los desafíos sociales, deberá asumir un papel promotor y dinamizador del conjunto social para que colectivamente se puedan asumir estos retos.
En esta perspectiva, existe un cada vez más amplio consenso en reconocer la necesidad de definir y liderar, desde los gobiernos locales, la respuesta de la ciudad frente a la crisis. Una respuesta que debe sustentarse en la orientación de las políticas económicas, sociales y tecnológicas necesarias para abordar las consecuencias de su impacto en el corto plazo, y al mismo tiempo, garantizar el desarrollo en el escenario post crisis. Ahora bien estas estrategias locales sólo se refieren a la actuación en el medio urbano, son estrategias de intervención en la condiciones en las que se desarrolla la existencia de la ciudadanía, pero aún no se tiene en cuenta el papel que juega la ciudadanía y su potencial para transformarlas. Es decir, se plantea abordar la crisis desde la perspectiva protección y promoción pero no desde la percepción.
Así, por ejemplo, en un excelente trabajo la red mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) expone el resultado de una encuesta a los gobiernos locales de todos los continentes de las medidas sobre las iniciativas tomadas para hacer frente a la crisis. El resultado es un amplio abanico de medidas de todo tipo sin duda condicionadas por la situación económica y social de la ciudad y el nivel de competencias de los ayuntamientos. Las principales medidas más comunes tomadas por los gobiernos locales a nivel mundial se agrupan en cuatro ámbitos:

  • Población y el mercado laboral. Las medidas tomadas son: Inversión en mano de obra, cortes o congelación de impuestos, iniciativas sociales, apoyo a personas vulnerables.
  • Capacidad de recuperación económica: Apoyo a las pymes, reducción de impuestos y promoción del turismo.
  • Calidad del lugar: Prestamos a la inversión, financiamiento a la innovación, y asociación público-privada.
  • Estrategia a largo plazo: Revisión de la estrategia, Promoción de la innovación, inversión en el sector verde e infraestructuras, posicionamiento distintivo.
  • Gobernanza: Alineamiento con el gobierno regional y nacional, ajustes presupuestarios, ahorro de costes.

Pero entre dichas medidas, la mayoría de protección, no se identifican y ni siquiera forma parte de la encuesta, las iniciativas locales en relación a la mejor y mayor comprensión de la crisis por parte de la ciudadanía ni sobre como alcanzar un mayor compromiso con ella en estas situaciones.
El tema es de un gran interés para los gobiernos locales relacionales, puesto que es tan importante conocer como afecta la crisis a la ciudadanía como la reacción de la misma ante las nuevas situaciones, y de manera especial los principales actores económicos y sociales.
2. La percepción ciudadana de la crisis y sus consecuencias.
La percepción ciudadana de una situación de crisis económica implica, en líneas generales y para amplios sectores de la ciudadanía, tres tipos de representaciones significativas :

  1. Una sensación de amenaza, de futuro incierto, inseguro.
  2. Un sentimiento de decepción.
  3. Un sentimiento de impotencia y rabia si han sufrido las consecuencias de la crisis.

Ante estas representaciones amenazantes, decepcionantes, o de impotencia ante la crisis , las reacciones de la ciudadanía más comunes, que se oponen a un comportamiento creativo y adaptativo-positivo ante los retos, son:

  • Los que se sienten inseguros, la mayoría tiene la tendencia de evitar implicarse en cualquier empresa o acción debido a dicha inseguridad ante el futuro, y delegan la solución en los demás, y en particular en el propio gobierno.
  • Los que se sienten decepcionados hacía si mismos, hacía los otros o hacía la sociedad en general como consecuencia de haber sufrido las consecuencias de la crisis, asumen una posición de victima de las circunstancias y se lamentan o quejan pero no se implican ni responsabilizan en la respuesta a dichas circunstancias. En este caso al igual que el anterior es una ciudadanía que renuncia ante lo que se le propone.
  • En los casos en que se sufre de una sensación de impotencia, a menudo es vivida como injusta y exigen, a través de una actitud de hostilidad y rechazo hacía los gobiernos, inmediatez a la solución de los problemas.

Estas son actitudes desactivadoras del papel de la ciudadanía en general y de los principales actores económicos y sociales, sin duda agravan la situación de crisis y retardan la salida de dicha situación.
 
Estas emociones y sentimientos ciudadanos señalados están en la base de las dos salidas negativas a las crisis de las instituciones, identificadas por el gran economista keynesiano: Albert O. Hirschman . La primera denominada “Salida” describe la situación de huída, evasión, abandono en que se cierran las empresas, los comercios, la fuga de capitales, la evasión de impuestos, etc. La “Salida” se basa en los sentimientos de decepción e impotencia. La otra alternativa negativa señalada por Hirschman: “Voz” se refiere a la reivindicación pública y la conflictividad social, es decir la protesta airada y la exigencia de responsabilidades a terceros. La “Voz” se fundamenta en el sentimiento de rechazo y en alguna medida también en el de impotencia .
A menudo, evidentemente sin saberlo los gobiernos locales, actúan transmitiendo mensajes que agravan la desconfianza y la desactivación ciudadana, y refuerzan las respuestas negativas ante la crisis. Entre estas actitudes figuran como más frecuentes las siguientes:

  • Negar la crisis y sus efectos o no reconecerla con claridad en todas sus dimensiones. Es una actitud muy común entre los gobiernos en los inicios de la crisis, porque piensan en su posible responsabilidad en la misma. Es una actitud inadecuada porque la materia prima de la percepción son los datos que proporcionan los sentidos, y la realidad del decrecimiento de la renta, el aumento del paro, la quiebra de empresas etc. es un dato que será más pronto o más tarde completamente reconocido, y al serlo se quebrará la confianza en el gobierno o bien aumentará la desconfianza y el rechazo. Se impide además la toma de medidas para hacer frente a la situación y que pueden terminar con la recesión de la demanda.
  • Evitar el tema y delegar la solución en actores exteriores a la ciudad indicando que la ciudad poco puede hacer. Esta comunicación introduce el fatalismo e inhibe la acción. Esta actitud tiene grandes consecuencias hacía el futuro porque impide sentar las bases de un nuevo tipo de desarrollo en la ciudad.
  • Hablar continuamente de la situación de crisis y vulnerabilidad, también es contraproducente, y en especial, si se carece de un proyecto concreto para afrontarla, y si se habla mucho de la gravedad de la situación como justificación a problemáticas económicas y sociales de la ciudad para justificar medidas poco populares como subidas de impuestos y tarifas o recortes en los gastos sociales. Esto impacta en el SPR de la ciudadanía generando aún más inseguridad.

Las respuestas comunicativas de los gobiernos locales más idóneas para ampliar el nivel perceptivo y posibilitar el mayor compromiso posible con la ciudad, dependerán del tipo de sistema perceptivo-reactivo predominante en la ciudad, configurado a partir de las interacciones entre los Sistemas de Percepción y Reacción de la Ciudadanía (SPRC) de los distintos grupos sociales en la ciudad. Adelantamos, no obstante una serie recomendaciones generales para que los gobiernos locales puedan afrontar la crisis con la máxima involucración de la ciudadanía:

  • Identificar con objetividad y claridad la situación de la ciudad. A menudo no es fácil reconocerla, pero sin duda si somos conscientes de ella se puede gestionar mejor. Es clave reconocer tanto las debilidades y peligros como las fortalezas y oportunidades de las que se dispone para resurgir de la situación desfavorable.
  • Reconocer el SPRC predominante, las emociones y sentimientos mayoritarios. Por ejemplo, las inseguridades y posibles situaciones de decepción que acontecen en la ciudad y afectan a amplios sectores de la ciudadanía. Reconocer los problemas no es signo de debilidad, sino la condición de poderlos resolver. El primer paso para poder convertir nuestros límites en recursos es siendo conscientes de nuestras vulnerabilidades. Debe de tenerse en cuenta que la ciudadanía se fortalece cuando afronta sus miedos e inseguridades, y se debilita cuándo quiere evitarlos porque antes o después se da cuenta de que es imposible de que desaparezcan al persistir las condiciones externas que los generan. La situación de inseguridad o miedo debe ser referido claramente a un objeto o situación concreta y precisa, de lo contrario se convierte en angustia y es de muy difícil gestión .
  • Apelar a la memoria de la ciudad. Mostrando, si es posible, situaciones aún peores en que la ciudad salió adelante con la colaboración ciudadana. Esto genera confianza en las posibilidades de la acción de la propia ciudad.
  • Activar los factores de resiliencia ciudadana y la disposición de un proyecto estratégico claro y enraizado en la situación de la ciudad, son sin duda como veremos seguidamente, los principales elementos para lograr una transformación de la ciudad.

Por lo que hemos señalado podemos comprobar, una vez más que la información más objetiva, veraz y comprensiva para con la ciudadanía es la que mejores resultados da en términos de desarrollo urbano y de compromiso ciudadano. La responsabilidad social de la ciudadanía difícilmente es compatible sin una actitud de honestidad del gobierno o sin una comunicación clara y veraz, pero a la vez motivadora del compromiso social.
3. El desarrollo urbano: Activar la resiliencia ciudadana + un proyecto estratégico.
El término resiliencia si bien tiene el origen en la física y es una propiedad opuesta a la fragilidad, es decir, cuanto menor es la fragilidad de un material ante los choques mejor es su resiliencia. El término se empezó a utilizar frecuentemente a partir de los años 90 en el campo de la psicología, y concretamente en el estudio de la marginación infantil. La finalidad de las investigaciones sobre resiliencia era comprender e identificar los factores por los que unos niños sometidos a situaciones sociales muy adversas habían logrado afrontarlas con éxito, y en cambio otros, la mayoría, había caído en situaciones de marginación o exclusión social. E. H. Grotberg directora de un importante estudio internacional sobre resiliencia definió este concepto como: “la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias en la adversidad”
El éxito del concepto y la nueva perspectiva que da a las investigaciones en diferentes ámbitos ha hecho que el término se aplicara a la sostenibilidad ambiental, al mundo empresarial, a la salud, y también en el ámbito de las ciudades. Pero como ocurre con tantos conceptos al ponerse de moda y no estar precedidos de una definición conceptual precisa se han malversado, y se ha confundido el término de resiliencia con resistencia, o bien, como prevención ya sea en el ámbito de la salud, de la sostenibilidad ambiental o de la adversidad empresarial y urbana. Es decir, se ha malversado porque se han confundido los factores resilientes con los preventivos o de protección, los cuáles son tanto o más importantes pero, está claro que no son los mismos. Dada la importancia y la novedad de enfoque que aporta el término resiliencia, no se puede sino redefinirlo y aplicarlo como es debido a la investigación en ciencias naturales y sociales.
En un estudio brillante de resiliencia sobre niños y adolescentes en situación de marginalidad de B. Cyrulmik titulado “los patitos feos” en alusión al cuento de H. C. Andersen en que el patito más feo se convierte en el más bello de los cisnes, se señalan haciendo referencia a los niños resilientes tres elementos que captaron nuestra atención :

  1. Siempre hay adaptación al trauma social o psicológico lo que en un caso puede ser brutal y les marginará cada vez más, y en otros puede ser beneficiosa en términos sociales y de fortalecimiento de sus capacidades humanas.
  2. La adaptación beneficiosa ha dependido de la representación que se ha hecho la persona de sí misma y de las posibilidades de transformar la situación “no es la desgracia la que se vuelve agradable. Es la representación de la desgracia la que demuestra el dominio del trauma y su distanciamiento en tanto que obra socialmente estimulante”
  3. La transformación significa una actuación dirigida tanto sobre el medio como sobre la representación. “Al actuar sobre lo real tanto como sobre la representación se consigue modificar las dos conmociones que provocan el trauma” “Hay que comprender (de una determinada manera) y actuar para desencadenar un proceso de resiliencia”.

También pudimos comprobar que los factores resilientes que incidían en una representación de la situación que favorecía su adaptación positiva eran los mismos en Cyrunlik y Groteberg pero también en otros autores que habían estudiado el tema en profundidad: A. Melillo, E. N. Suarez Ojeda entre otros.
Po nuestra parte analizamos dos ciudades claramente resilientes: Bogota (1996-2007) y Medellín (1996-2009) en Colombia es decir que habían progresado notablemente en épocas de gran adversidad en que la mayoría de las ciudades del País entre ellas Calí y Cartagena de Indias habían sufrido un gran retroceso: Observamos que ambas, en el periodo de mayor prosperidad, habían actuado prioritariamente en la ciudadanía. Bogotá con un proyecto de cultura ciudadana, y Medellín con un proyecto educativo . Comparamos los factores de resiliencia encontrados con los mensajes comunicativos de las Alcaldías, e identificamos que en Bogotá y Medellín se habían transmitido los siguientes mensajes y actitudes comunes, que consideramos esenciales para desplegar en las ciudades la resiliencia ciudadana frente a la crisis.

  • Valoración del ciudadano y la importancia de su compromiso en el hacer ciudad: En la producción y el uso del espacio público, en la movilidad, en la convivencia y solidaridad.
  • Autonomía y confianza en las posibilidades colectivas y de cada persona. El gobierno da los medios para que el ciudadano ejerza sus derechos y desarrolle sus propios proyectos. Las realización de los proyectos del gobierno no se presentan como muestra de su buen hacer y capacidad de gestión sino como medio para que la ciudadanía haga ciudad.
  • Autoestima para con la ciudad y con la ciudadanía. Se muestra la importancia de la ciudad, sus posibilidades y sus oportunidades. El reconocimiento presente o pasado pero que puede volver, y el protagonismo ciudadano y no de gobiernos y líderes en las más reconocidas etapas de la ciudad.
  • Seguridad en el avance de la ciudad en un futuro inmediato mediante una ciudadanía protagonista y comprometida, y valoración de los avances que se dan en base al compromiso ciudadano, y a la apropiación ciudadana de los espacios y bienes públicos de la ciudad.

Estos mensajes resilientes sólo actúan en la ciudadanía, si el gobierno que los emite, como hemos comentado, tiene una clara legitimidad por parte de la ciudadanía y un claro reconocimiento de su honestidad como ocurrió con los gobiernos de las ciudades señaladas. Por otra parte se puede constatar la semejanza entre los factores de resiliencia y los elementos culturales de la ciudadanía que permitieron a las ciudades dar un importante salto en su desarrollo que señalamos en el artículo anterior.
Ahora bien para transformar la lucha contra la crisis en una estrategia para encaminar la ciudad en la modernización social y productiva, y sentar las bases de un desarrollo sostenido y sostenible, es preciso dotar a la ciudad de un proyecto estratégico viable para encaminar la acción resiliente de la ciudadanía. Un proyecto estratégico que tenga las siguientes características:

  • Que la estrategia sea compartida entre los principales actores y sectores de la ciudadanía, y debe contar con el compromiso de acción para actuar en función de los ejes estratégicos y criterios de actuación y desarrollar los proyectos clave. Es clave incorporar conocimiento sobre la ciudad y sus retos a todos los sectores, y asegurar la flexibilidad, la creatividad y la inclusión de todo tipo de ideas.
  • Que la estrategia responda a las necesidades y retos de la ciudadanía y debe contar con su soporte social, para lo que es necesario que el proceso de elaboración se haya asentado en una amplia participación ciudadana.
  • En el proceso de elaboración estratégica se deben generar nuevas redes sociales y fortalecer los vínculos sociales existentes.
  • El liderazgo para la articulación del proyecto estratégico compartido debe ser del ayuntamiento en tanto representante democrático de la ciudadanía, y por tanto, con la legitimidad con articular un proyecto estratégico, a partir de los intereses legítimos del conjunto de los actores y sectores de la ciudadanía.

En la situación de crisis y contención del gasto público es mas necesario que nunca:

  1. Priorizar mediante el acuerdo entre los principales actores y sectores de la ciudadanía, los principales proyectos claves o estratégicos, que no haya una decisión unilateral y descoordinada del resto de los actores, puesto que ello resta sinergia a las inversiones en capital físico, humano y social.
  2. Establecer la cooperación publica- privada y con la iniciativa ciudadana para el desarrollo de proyectos en red que sumen recursos y articulen respuestas más globales.
  3. Fortalecer el compromiso activo de la ciudadanía para que asuma plenamente sus responsabilidades en el hacer ciudad.

Se trata de mejorar la capacidad de organización y acción compartida de la ciudad, y generan relaciones de confianza entre los actores, y posibilitan el logro de una mejor situación en el futuro contando con el compromiso y la colaboración del conjunto de la ciudad. Es decir se refuerzan los factores de resiliencia de la ciudadanía dotándola de una perspectiva de acción transformadora.
Las finalidades del proyecto estratégico son las de conseguir una ciudad que avance en términos comparativos con otras ciudades del entorno, en lo económico y tecnológico a partir de la innovación y la cohesión social y territorial.
Cada ciudad deberá encontrar las características propias, que la singularicen en el sistema de ciudades regional, nacional e internacional, de tal modo que su competencia como ciudad se establezca por su capacidad de articularse a las distintas redes de flujos entre ciudades.
Para elaborar un proyecto estratégico compartido y específico de ciudad, es aconsejable que los actores urbanos se interroguen acerca de los aspectos claves para el desarrollo estratégico de la ciudad. ¿Cuáles son los factores que nos han llevado a ser la ciudad que somos en población, economía, territorio y sociedad? Y toda una batería de temas a responder: ¿Cómo y a través de que proyectos y criterios de actuación podremos:

  • establecer un modelo productivo más diversificado, más sostenible y generador de ocupación de calidad?
  • fortalecer los sistemas de I+D+I en la ciudad?
  • obtener el máximo aprovechamiento de las infraestructuras y servicios de un territorio y desarrollo de nuevas inversiones?
  • identificar, generar internamente y atraer talento, y fortalecer la creatividad en todo el territorio y en todos los sectores sociales?
  • dotarnos de más, mejor tiempo para la ciudadanía y mejor distribuido por genero y procedencia territorial, social y cultural?
  • mejorar el capital humano y desplegar mecanismos para asegurar la formación permanente y a lo largo de toda la vida de la población?
  • identificar las estrategias clave para la mejora de la inclusión social ?
  • establecer un urbanismo razonablemente compacto, sostenible y productivo, generador de espacios públicos de encuentro y convivencia?
  • fortalecer de las redes sociales y clusters económicos?
  • desarrollar políticas de interés común de tipo supramunicipal o si se prefiere intermunicipal?

Se trata de establecer una estrategia que englobe medidas de protección y promoción de la ciudad pero también de percepción. Unas estrategias de percepción ciudadana con la finalidad de activar los factores resilientes para lograr un compromiso cívico en el hacer ciudad. Esta son las tres “P” (protección, promoción y percepción) de las que pueden disponer los gobiernos locales para afrontar la crisis, no sólo sin renunciar, sino reforzando sus posibilidades de progreso y la calidad de su democracia en el futuro inmediato.
La superación de la crisis (que es internacional y no mundial, al afectar sólo a Norteamérica y Europa) en las ciudades dependerá en buena medida del escenario internacional que se acabe imponiendo. Todo parece indicar que la crisis no será corta porque aunque se haya detenido en buena medida el estallido de la burbuja financiera y la epidemia social de pánico crediticio que conllevó. Queda el importante pago de la deuda pública generada por el flujo de dinero público hacía el sistema financiero, lo la reducción del gasto público, el incremento impositivo, al que se puede sumar un incremento de la inflación consecuencia del nada improbable incremento del precio de la energía (petróleo, electricidad, gas, etc.) y de la inflación resultante de la actual política de inyección de liquidez a los bancos (tipos nulos de interés y facilidades crediticias). Todo ello, en ausencia de otros factores que en este momento no se tienen en cuenta, frenará la recuperación del crecimiento económico y la generación de empleo.
¿Para que sirve entonces que las ciudades lleven a término una política como la política que desde aquí se aconseja si hay tanta dependencia del escenario internacional? La utilidad es fundamental por varias razones: La crisis no afecta igual a todas las ciudades, y en especial en el bienestar social y cultural de la ciudadanía, y ello depende en gran medida de lo que estas hacen. En segundo lugar la recuperación no se producirá con la misma intensidad en todas las ciudades, dependerá en buena medida de las transformaciones y modernización del modelo productivo y social. En tercer lugar dicha modernización dependerá el liderazgo de la ciudad en los sistemas de ciudades en los que forma parte.
El modelo de fortalecer la resiliencia ciudadana para desarrollar un proyecto urbano de modernización productiva y social que planteamos, permitirá preparar a la ciudad para hacerla avanzar ante los retos económicos, tecnológicos, de conocimiento, de creatividad, de convivencia y cohesión social necesarios y comunes a cualquier escenario de futuro. Además a través de este modelo se desarrollara el nuevo modo de gobernar capaz de afrontar los nuevos desafíos en las ciudades: la gobernanza democrática.
 

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