Notas de un Viaje Recién a Bolivia

“Hermano otro:
 Antes de los sones de tambor
 Tronando terribles choques civilizatorios
 O de las trompetas de gloria
 Anunciando amorosas alianzas
 Te ruego, hermano, me mires como soy
 Y me respetes como quiero ser
 Un humano ante todo
 Que comparte contigo un genoma
 Que codifica millones de años de nuestra común historia.
 Tu y yo no somos del corto ayer de nuestras civilizaciones
 Venimos de un largo viaje de supervivencia
 Hecho a golpes de trucos, casualidades, errores, aciertos
 y mucho bregar
 Acrisolado en narrativas, culturas, ciencias e instrumentalidades diversas.
 Grandiosa esta diversidad nuestra
 Que nos ayuda a sobrevivir como todo
 Acomodándonos a los diversos medios de la nave planetaria.
 Pero millones de años tiene nuestra historia
 Y tu hoy y el mío no debieran ni pueden
 Negar la unidad sustancial de los genes que envolvemos.
 Repite conmigo:
 Que nuestras identidades no se vuelvan asesinas
 Que nuestra identidad no oculte nuestra unidad
 Alertados vivamos contra la ilusión de destinos singulares.
 La diversidad sólo es grande cuando nos reconocemos iguales
 Y nuestra igualdad
 No procede de nuestras variadas culturas
 Sino de nuestra común naturaleza.
 Hermano.”
Las Civilizaciones no son Cárceles
Coincidiendo con los versos sentí que en efecto no estamos determinados por la religión, la civilización, la cultura o el país en que nacemos. Las civilizaciones no son cárceles, ni cosmovisiones estancas. Oriente está en los orígenes de la civilización occidental, que es cualquier cosa menos monolítica, y que hoy se cruza y fertiliza con las civilizaciones orientales. Recordé la sabiduría de Amartya Sen advirtiéndonos que la humanidad no puede clasificarse principalmente en civilizaciones distintas y discretas ni las relaciones entre seres humanos pueden verse en términos de relaciones entre diferentes civilizaciones. No podemos pasar por alto las grandes diferencias internas dentro de cada civilización o grupo cultural ni el alcance e impacto de las interacciones entre civilizaciones. La libertad genera la diversidad de ideas del bien personal y colectivo, genera la creatividad en ciencia y técnica, en arte, cultura y religión, permite la exploración de nuevos caminos de humanidad, requiere y produce pluralismo entre y dentro de las comunidades, a las que va transformando mediante un proceso complejo de adaptación y aprendizaje cargado de esperanzas y conflictos. La política democrática existe y se justifica para salvar la unidad de la polis libre en su necesaria y conveniente diversidad, pluralismo y cambio.
 Somos muchas Identidades en un solo Ser
Pero nuestras polis y nuestras diversidades actuales no son sustancias eternas. Nacieron no hace tanto y desaparecerán algún día transmutadas en otras formas culturales y de asociación política que nos acomoden mejor en el viaje de supervivencia que es nuestra larga y verdadera historia. Nuestras identidades deben permanecer abiertas para no ser sofocantes, reaccionarias o asesinas. Los derechos de los pueblos no pueden negar ni subordinar los derechos fundamentales de sus miembros, incluido su derecho a la libertad cultural e identitaria. Tan repudiable resulta el negar la dignidad, igualdad y respeto a las identidades originarias e indígenas como el no permitir que los ciudadanos se puedan autoidentificar en más de una categoría o como mestizos o bolivianos a secas. Hay que huir de la falsa ilusión de un destino singular culturalmente predeterminado. Esta idea constituye un extravío que nos conducirá al desastre. Somos muchas identidades en un solo ser y tenemos derecho a jerarquizarlas diferentemente y a hacerlas evolucionar y hasta de cambiarlas en el tiempo. No podemos renunciar a ser los verdaderos autores de nuestra propia biografía. Cuidado con las malas teorías: inadvertidamente, como la historia demuestra hasta la saciedad, pueden hacer una gran contribución a la violencia de la baja política.
Tenemos que resistir también la mirada de los otros cuando trata de reducir la diversidad de nuestros yos a una identidad singular e impuesta. Debemos proclamar la riqueza de identidades que todos poseemos a la vez que nuestra irrenunciable igualdad, como Shakespeare hiciera exclamar a Shylock, el Mercader de Venecia: “¿Acaso un judío no tiene ojos? ¿Es que no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se nutre con los mismos alimentos, queda herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos remedios, calentado y enfriado por el mismo verano y el mismo invierno que un cristiano?”. La afirmación hoy avalada por la ciencia de que existe una naturaleza humana común y única es lo que nos permite oponernos con más fundamento a los racismos y colonialismos de todo tipo que tratan de justificarse en la atribución de rasgos denigrantes o inferiores a diferentes culturas en distintas épocas.
De los malos Usos del Estado Plurinacional
Estos pensamientos y sentimientos me trajeron a la memoria la desazón que me produjo la lectura de un texto de Mónica Chuji Gualinga, Presidenta de la Mesa Constituyente número 5 de Ecuador, sobre el concepto y los fundamentos del Estado plurinacional. Según ella, éste se afirma como una nueva forma de contrato social que tratará de incluir dos sujetos ontológicamente diferentes: el sujeto o individuo moderno con sus libertades y derechos fundamentales, por un lado, y, por otro, los pueblos y nacionalidades, sujetos de derechos colectivos asimismo fundamentales que protegen formas complejas y atávicas de relacionamiento comunitario, “modos de comprender la vida, la sociedad, la política, el Estado, la justicia, el conocimiento y la naturaleza de manera distinta”. Los derechos colectivos de los pueblos se sitúan en el mismo plano jerárquico que el derecho a la vida de las personas. “De la misma manera que atentar a la integridad de la vida es un delito grave, atentar a la integridad de los territorios o de la cultura de los pueblos o nacionalidades debe ser también un delito grave. Los pueblos y nacionalidades mantenemos con nuestras tierras y territorios una relación de pertenencia cultural absoluta. Cualquier desprendimiento, fractura o alteración de esa relación fragmenta y desgarra profundamente al Ser de las nacionalidades y pueblos. Como son parte del Ser constitutivo del sujeto contenido en las nacionalidades y pueblos, se convierten también en una dimensión ontológica del Ser de las nacionalidades y pueblos. Las tierras y territorios tienen el mismo estatus ontológico del derecho a la vida y a la libertad en el caso del ciudadano moderno individualizado”.
Este tipo de textos me hacen pasar rápidamente de la desazón a la tristeza. La memoria melancólica me trae a la mente la advertencia de Aristóteles de que no todo lo viejo es bueno, como desde luego, añadamos, no tiene porqué ser bueno todo lo nuevo. Cada movimiento liberador de la humanidad encadenada se ve tentado por muchos falsos puentes intelectuales. Las malas elecciones de los dirigentes políticos suelen producir grandes desgracias para los pueblos. Sería trágico que estas propuestas de Estado plurinacional no alumbraran el amanecer promisorio de los pueblos y naciones finalmente descolonizados, dignos e iguales, sino el camino de una nueva y trágica derrota en gran parte autoinflingida.
Utopías y Quimeras Asesinas del Siglo XX. Irredentismos y Revanchas Identitarias del Siglo XXI
Amartya Sen, en la dedicatoria de su libro sobre Identidad y Violencia (2006), espera para sus hijos un mundo más libre de quimeras. Y es que cuando repasamos la historia del siglo XX las grandes utopías por las que tantos murieron y –lo que es más grave- tantos se atrevieron a matar hoy se nos aparecen como genuinas quimeras. Frustraciones, humillaciones, sufrimientos condensados de larga data que duermen agazapados en los corazones, se transmiten de generación en generación y esperan el momento en que una crisis grave ablande la mano que nos fustiga. Mil torrentes neuronales esperan contenidos la ocasión y las razones que sin duda nos darán decenas de intelectuales en los márgenes del sistema. ¿Quién podrá resistir el arco voltaico de la pasión desatada más la promesa revolucionaria? Anarquistas, comunistas, nacional-socialistas, todos fueron presos de una hubris que les permitía sentirse a la vez reparando la injusticia y construyendo nuevos caminos de humanidad. Pretendían haber descubierto el verdadero sentido de la vida y de la historia. Los más audaces y criminales se permitieron masacrar a todos los que se opusieron al avance de “su” historia. El siglo XX es una espantosa acumulación de guerras mundiales, masacres civiles, colonialismo, falsa ciencia social, promesas traicionadas, heroicidades inútiles… una especie de barbarie de la modernidad que no puede ser ocultada bajo los innegables avances científico-técnicos, de la producción y del consumo, de la educación, de la esperanza de vida o de la democracia.
Las grandes barbaries de finales del siglo XX y comienzos del XXI no están sin embargo asociadas a las quimeras revolucionarias sino a los irredentismos y revanchas identitarias. Serbios, bosnios, kosovares, croatas, palestinos, israelíes, pakistanís, kurdos, musulmanes, cachemires, tutsis, hutus, cristianos y musulmanes sudaneses… son como los eslabones de una larga cadena de miedos y abyectas esperas de la hora de los cuchillos vengadores que parecen estar emponzoñando al mundo. Los pueblos que han estado sometidos a largos y dolorosos procesos de colonización resultan especialmente sensibles. Cuando el colonizado llega al poder su mayor error es calificar como racismo toda crítica política. Por este camino el conflictos político alimenta el odio étnico y, en lugar de ir construyendo una arquitectura intercultural, se van cerrando las identidades enfrentadas dejándonos, al decir del poeta
 Como plantados en una llanura sombría
 Avizorando el polvo de las batallas y fugas que se vienen
 Presintiendo el llanto de ejércitos ignorantes
 Que se enfrentan en la noche
¿Cuándo las identidades se vuelven asesinas? Amin Maalouf, un árabe-cristiano-libanés-francés, ha escrito un vibrante ensayo al respecto. Su tesis básica es que todo ser humano tiene múltiples pertenencias y que en una sociedad culturalmente diversa el objetivo ha de ser que sea tratado como un ciudadano de pleno derecho independientemente de su pertenencia a esta a aquella comunidad cultural. Para que pueda hablarse de democracia, para que unas elecciones tengan sentido, es necesario que el voto fundamentado, el único que puede considerarse una expresión libre, haya sustituido al voto forzoso, al voto étnico, al voto fanático, al voto por la identidad. Cuando los hutus mayoritarios justificaron las matanzas genocidas de los tutsis en 1994 pretextaron grandes principios de justicia, igualdad, independencia, derechos de los pueblos y lucha contra la opresión y los privilegios seculares y hasta algunos sacerdotes católicos y muchos intelectuales se dejaron convencer de que debían ponerse del lado de los pobres y entender su cólera, colaborando en la orgía genocida. Pero cuando la lucha política desconoce las múltiples pertenencias del ser humano y se sitúa en una lógica comunitarista, racista o totalitaria, los verdaderos demócratas tienen que anteponer los derechos humanos a las reglas de la mayoría. La dignidad de todos los seres humanos, hombres, mujeres, niños, cualquiera que sea su número, creencias, lengua o color de la piel, ha de respetarse de modo absoluto. Nelson Mandela tuvo claro que para superar el apartheid el objetivo no era sustituir un gobierno blanco por otro negro, ni una discriminación por otra, sino dar a todos los ciudadanos los mismos derechos políticos con independencia de su ascendencia africana, europea, asiática o mixta. Quizás pronto un negro será Presidente de los Estados Unidos y aún tomará algún tiempo más para que un blanco sea elegido Presidente de Sudáfrica. Estos procesos no son espontáneos. Sólo son viabilizados por liderazgos orientados a la integración, la maduración, el reequilibrio y la armonización interna, es decir, a la construcción nacional sobre nuevas bases.
Versos del Yo Solidario
Una sola es mi identidad y múltiples mis pertenencias.
 Religión, Nación, Clase Social, Corporación, Movimiento, Etnia
 Atronadoramente
 Todas han tratado de capturarme
 Y someter a su exclusivo poder mis variadas pertenencias.
 Más me rebelo. Soy mucho más
 Hombre o Mujer, Homo o Hetero,
 Casado o Soltero, Liberal o Comunista
 Sano o Enfermo, Deportista, Ignorante, Culto…
 Mi verdad profunda es una arcilla genética
 Que irá moldeando el curso de mi vida.
 Déjame gestionar sus inevitables desgarros
 Y gozar su innegable riqueza.
 No me manches en las matanzas por los falsos yos
 Mi yo irrepetible es una jerarquía de pertenencias
 Y reivindico el derecho fundamental a cambiarla.
 No me arrebates la dignidad de ser
 La promesa de un nuevo comienzo
 La Navidad que portamos cada cual
 No degüelles al Santa Inocente
 Disolviéndolo en una sola totalidad.
 Soy como tú, único e irrepetible
 No me encierres, prejuzgues ni precalifiques
 Somos mucho más que árabe, guaraní, catalán o persa.
 Expresamos el inagotable florecer de todo lo humano.
Cuando la Identidad se hace asesina. Indio soy
Si los hombres de todos los países, condiciones y creencias pueden transformarse con tanta facilidad en asesinos, si los fanáticos acaban liderando la defensa de las identidades es por causa de la pervivencia de la concepción tribal de la identidad alimentada en la memoria de los conflictos y miedos de un pasado reescrito a medida y que nos consideramos incapaces de superar
 Indio Soy
 Mi pertenencia más atacada
 La fuente mayor de mis humillaciones
 La que espera agazapada en mi más hondo yo
 La hora de la revancha
 La que se expande como un cáncer por mi organismo entero
 La que nos agrupa, moviliza y anima
 Para el ataque decisivo.
 Ya no mendigaré su respeto
 Lo impondré.
 Puede comenzar la guerra.
 Recordaremos día a día
 Todas las vejaciones sufridas.
 Pase lo que pase lo habrán merecido.
 El miedo temblando en nuestra mano
 Golpeará llevándonos al crimen.
 Después de la matanza nos preguntaremos
 Cómo fue posible tanta atrocidad
 Cómo se desató aquella locura
 De miles y miles matando
 Cómo fue que el miedo se impuso
 A la realidad de las afrentas.
 Cómo fuimos capaces de inmolar el futuro
 En el altar expiatorio del indigno pasado.
 Mala Memoria y Construcción Nacional
Envuelto en estas inquietantes meditaciones, encontré alivio en la cita de Renan (1882) elegida por los editores (Monasterios, Stefanoni y Do Alto) de un libro sobre la Reinvención de la Nación en Bolivia: “El olvido, y yo diría el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación, de modo que el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad… la esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común y que todos hayan olvidado muchas cosas”. No hay futuro sin perdón y sin olvido. Una mala memoria, una buena salud y una determinación de hacer mejor las cosas son las claves para el progreso de las personas, las familias y los pueblos. Oí decir a un tal Carlos Hugo Molina que cuando se convierte el Derecho en un instrumento de la lucha por el poder no sólo se corrompen las instituciones sino la capacidad deliberativa de una sociedad abriéndose así una vía grave de corrupción intelectual y moral como comprobé al oír decir a un tal Antonio Peredo que la eventual superación por el Presidente Morales del referéndum revocatorio acarrearía el efecto de refrendar positivamente también la Constitución varada. Del mismo modo, cuando hacemos antropología o historia para armar los brazos que zurran en los conflictos, nos comportamos como los matrimonio desbordados por el furor y el odio y, además, seguro que hacemos mala historia y mala antropología.

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